¿Qué es un/a Educador/a Familiar?

Es el/la profesional que realiza una intervención socioeducativa en el ámbito familiar con los distintos miembros de la misma unidad, con el fin de lograr un desarrollo personal, social y educativo.

¿Qué NO es un/a Educador/a Familiar?

 No es un/a terapeuta o psicólogo/a, ni tiene como propósito sanar a personas que puedan sufrir alguna patología de salud mental. En cuanto detecto necesidades de atención psicológica, siempre aconsejo ser atendido/a por un especialista en la materia.

¿Qué hace un/a Educador/a Familiar?

Acompañar y empoderar a tu familia, dotándola de los recursos necesarios, para facilitar el camino hacia el cumplimiento de vuestras metas, tanto a nivel familiar como personal. Eso se hace con un Plan de Intervención Familiar (PIF) individualizado, para lo que trabajaré en el seno de la familia, donde se llevará a cabo la tarea socioeducativa.

¿En qué consiste el Plan de Intervención Familiar?

La intervención del/a Educador/a Familiar parte de una cuidadosa observación de cada miembro de vuestra familia para, posteriormente, diseñar un Plan de Intervención Familiar (PIF) individualizado. Lo que pretendo, en todo momento, es la implicación de vuestra familia en el proceso de intervención, siendo vosotros, junto conmigo, los que iréis modulando el qué se hace y en qué momento se hace.

El PIF consta de una serie de sesiones, presenciales u online; tanto a nivel grupal, como a nivel de pareja, hermanos, así como individual. En estas, trabajaremos todas las fases del método «Metamorfosis» y, por consiguiente, alcanzar las metas propuestas.

¿Cuánto dura la intervención?

Depende de cada caso y del número de miembros de la familia. La intervención se realizará por sesiones semanales o quincenales. En la primera sesión, donde marcaremos metas y acordemos el compromiso familiar, se establecerá la temporalidad de dicha intervención, siempre adaptándonos, en la mediad de lo posible, a vuestras necesidad

¿Cuándo debo acudir a un/a Educador/a Familia?

El trabajo del/a Educador Familiar se acompaña de la fuerza de voluntad de cada miembro de la unidad familiar. Las ganas de conseguir un cambio serán el principal combustible para llegar a la meta.

Así que, si te preguntas en qué momentos un/a Educador/a Familiar es la mejor opción, la respuesta es en cualquier momento, si lo que quieres es mejorar definitivamente el rumbo de tu entorno familiar.

Aun así, antes hay que valorar y detectar señales concretas que puedan ser recurrentes y que motiven el acompañamiento de un/a Educador/a Familiar: inseguridad educativa, un modelo educativo doméstico demasiado permisivo o autoritario, malos hábitos en las relaciones familiares, poca o nula comunicación entre los miembros de la familia, disputas familiares, problemas para manejar comportamientos difíciles, entre otros.

¿El/la Educador/a Familiar trabaja con todos los miembros de la unidad familiar?

Sí, en la medida de lo posible y en la gran mayoría de las circunstancias, por supuesto siempre que sea aconsejable. Además, en cada caso se estudiará si la intervención con los/as menores o algún miembro de la familia en especial, es necesaria o no, o en que momentos, sí es imprescindible.

En los casos en los que algún miembro de la familia sea reacio a participar, la intervención contará con otra serie de herramientas, más específicas, como son la mediación familiar y consultoría parental, con el fin de conseguir la meta final, mejorar las relaciones familiares.

¿Con que tipo de familias puede trabajar un/a Educador/a Familiar?

Con cualquier tipo de familias: familias nucleares (biparentales, familias monoparentales, en las que los/as progenitores/as estén separados/as o divorciados/as, o sean padres/madres solteros/as), familias adoptivas, familias extensas, familias compuestas, etc., incluso con familias en las que la descendencia ya sean mayor de edad. En definitiva, trabajaré con TODAS LAS FAMILIAS que QUIERAN MEJORAR sus relaciones.

¿Cuáles son los beneficios para mi familia de este tipo de intervención familiar?
  • Recuperar la confianza en ti y en tu familia, así como aprender a conocerlos y conocerte mejor a ti mismo.
  • Superar miedos sobre muchas de las responsabilidades que te atribuyes como padre-madre.
  • Mejorar la convivencia, con ciertos cambios que, estudiados y analizados entre todos/as, sean beneficiosos.
  • Avanzar hacia tu propio desarrollo personal, además del desarrollo de tu familia como núcleo.
  • Reforzar tus habilidades como padre-madre, a través de recursos para usar en el día a día, con la mejora en la calidad de las relaciones familiares que eso implica.
  • Desarrollar tu inteligencia emocional para saber identificar y expresar mejor las emociones, y que seas capaz de crear vínculos fuertes y sanos, relaciones equilibradas con el resto de tu familia.
  • Aprender a buscar formas, diversas y efectivas, de resolver los conflictos en las situaciones cotidianas.